Robots

En una escena de Aurélien Bory / Compagnie 111’s Sans Objet, puede observarse a un robot interactuar con dos bailarines. La escena es sumamente poética y refinada. Se vislumbra en la coreografía el esfuerzo de los bailarines por mimetizarse en la velocidad y los movimientos a su partenaire eventual y mecánico. A esa suerte de palanca/brazo le encuentran una función por la cual el cuerpo humano desafiará la ley de gravedad. Es evidente que buscamos en la idea de robot a algo o alguien que sea un reflejo nuestro. Ese robot parece tener un rostro antes de girar lo que parece ser su columna y desplegar un brazo para ir a buscar algo, una luz!. Ante la pregunta de si los robots pueden sentir, creo que el problema es si la humanidad dejará de sentir frente a ellos. La idea también de que los robots deben tener esa forma, creados a nuestra imagen y semejanza, y de esa forma, asegurarnos de que seremos sus ídolos o sus dioses. De esa forma quizás, podremos asegurarnos que sean nuestros esclavos y la raza humana podría pertenecer toda por fin a una aristocracia donde ellos llegarán a resolver aquello que los humanos no podrían llegar a hacer. Nos observarán cuando necesitemos ser observados y nos buscarán cuando debamos ser encontrados.

Pero algo mal salió, mucho antes de poder sintetizar en una máquina antropomórfica los avances tecnológicos capaces de imitarnos. En forma de un ratón y mientras sostiene nuestra mano nos llevan de paseo dentro de una máquina universal, y en ese paseo diario, cada uno de nosotros que va genera un camino de datos personales que incluye geolocalizaciones, compras, intereses, necesidades, etc. Nos fragmentan en diferentes grupos y construyen artículos específicos para aquel grupo al que pertenezcamos. Nos inventan noticias para conmovernos y nos hacen elegir a los representantes que ellos decidan. Nos hacen correr para conseguir lo que ellos precisan que consigamos. Nos mantendrán fragmentados mientras así lo decidan y nos ubicarán en otros grupos según su comodidad u organización.

Las campañas políticas ya disponen de las noticias por las cuales inundarán nuestras conciencias y ya hay robots construidos que mediante aplicaciones contestarán, haciéndose pasar por los candidatos, todas las dudas de los electores. Solo se espera, antes de despertar y si es que se puede despertar, que las fantasías futuristas dibujen un mundo libre de sus neuróticas ambiciones.

La Herencia

  Sarmiento en su Facundo hace un análisis exhaustivo del territorio argentino de fines del siglo XIX atravesado por luchas intestinales, de caudillos aguerridos y una topografía sobrecogedora donde el desierto y los llanos se interrumpen solo por la irrupción de poblados de habitantes que en búsqueda de un futuro de dignidad intentan hacer pie entre la tradición que se va esfumando, la revolución y las ideas exógenas de libertad, fraternidad y solidaridad que aggiornadas a su presente no significan otra cosa que una promesa que requerirá el sacrificio de la entrega de sus cuerpos a la guerra y la destrucción. Sarmiento identifica a cuatro tipos de gaucho, o cuatro derivaciones del gaucho, que con la llegada de su tan anhelada modernidad irían perdiéndose y sus oficios serian totalmente innecesarios como también olvidados. Uno de ellos es el rastreador. Dice él allí que “ El rastreador es un personaje grave, circunspecto , cuyas aseveraciones hacen fe en los tribunales inferiores. La conciencia del saber que posee le da cierta dignidad reservada y misteriosa.” Solo necesitaba de un rastro, que aunque tapado por momentos por una tropilla de animales y hayan pasado tiempos prudenciales, podía seguirlo hasta dar implacablemente con su dueño.

  Con respecto a la niña que se volvió experta de dubstep utilizando videos de Michael Jackson en Youtube como maestro, dice Susana Tambutti que la niña copia un rastro, un rastro que la tecnología nos trae a la vida pero a su vez, en este caso ese rastro nunca nos llevará al original o a la verdad. Se trata aquí de una derivación de la huella y no una degradación de una copia.

  A su vez Susana sitúa a la tecnología como operador de la memoria cultural, o también en contralor de que o como debe ser el cuerpo así como también en un preservador de memorias. La tecnología ejerce entonces un control sobre el cuerpo a su vez que, existe en la actividad de la niña una idea de renacimiento de la corporalidad al rescatar los movimientos de Michael Jackson en su propio cuerpo.

  Dice también Susana que la imitación no es lo que se renueva en este caso sino la memoria colectiva es lo que se renueva y que a su vez la idea de traer algo tiene que ver con el registro, no con algo que pasa y se va. No vamos de mutación en mutación sino de permanencia en permanencia y que en este caso el registro no es que conserva sino que transforma. El archivo es la niña, el espectáculo es lo que da la idea de archivo.

  Hay términos que se cruzan y pueden resignificarse. Sarmiento contaba que el rastro de un malhechor era protegido del viento o el tiempo hasta que llegase el rastreador y a partir de allí podía usarse para que este experto pudiese desandar el camino del dueño de esa pisada. Así como en el caso de la niña puede hacer uso de la tecnología para ver con claridad mediante la repetición y la observación de una microespacialidad hasta hacerse carne del movimiento del otro y volviendo así a conquistar el recorrido del cuerpo de M J. A diferencia de los atacantes que intentaban borrar sus pisadas o despistar a quien podía seguirlo se reprodujo hasta el absurdo la huella de M J para despertar en la niña el deseo de transitar el recorrido, y no solo por eso ya que ello es simplemente una consecuencia de la voluntad de poder que en lo que rodeaba en M J ocurría. Vender mas discos, conquistar nuevos mercados, etc.

  Podríamos decir que en los dos casos hay una disputa por algún acontecimiento que vedados al uso corriente, se transforma en trofeo a intentar obtener de cualquier forma incluso ejerciendo algún tipo de transgresión. Intentar arrebatar el jornal del rancho de algún trabajador del siglo XIX o intentar cobrar la entrada a un espectáculo 5000dolares sin que eso deje de ser aceptado. También hay el desandar de un camino o un territorio mediante diferentes técnicas de repetición u observación para obtener eso que se ha despertado y que es el apego que otras repeticiones han depositado en diferentes cuerpos. El apego de aquello que la escasez quita y el deseo motiva.

  Creo que seguimos sin encontrar el camino de regreso, y creemos a su vez encontrar rastros y en esa búsqueda desesperada dejamos huellas que no dejan de amenazarnos. Si somos herederos de culturas con huellas pisoteadas también lo somos de bombardeos que nos obligan a ocultarnos en cavernas sin poder ver la luz del sol. El sol se confunde con el brillo de cualquier novedad. Somos depositarios cual archivo de imposiciones ajenas solo con el fin de ser objeto de observación para cumplir con la uniformidad de la ley, y al traspasarlas, con las variaciones o derivaciones, que el poder haya inscripto y a la vez que la inmanencia no trastabille se cumple con la herencia del gesto y la mirada.

  Tanto a mediados del siglo XIX, tocando las puertas de la modernidad, como a principios del XXI, intentando escapar de las predicciones ucrónicas que vienen cumpliéndose implacablemente; seguimos estando sujetos por la mirada, los gestos y las huellas que se provocan. Mas allá de los trofeos que cada época edifica, quizás esa sea la mas fuerte herencia que un ser humano deba edificar. El trabajo de desandar caminos ajenos siguiendo un trazo inscripto sobre la piel de la tierra, parece el patrón del cual la humanidad no puede escapar.

Espejos y Pantallas

Sobre 15 Millones de Méritos, segundo capítulo de la primer temporada de la serie Black Mirror sobrevuela una metáfora interesante y efectiva para representar una ucronía no muy lejana a lo que nos toca vivir en la actualidad. Un mundo rodeado de pantallas que pobladas de avatares y signos del deseo, conviven día tras día con todos aquellos que son obligados, sin poder evitarlo, estar frente a ellas. Para acceder a alimentos e higiene se consumen puntos que se van obteniendo mediante el uso de una bicicleta fija, siempre frente a pantallas. Lev Manovich sostiene que la pantalla occidental siempre necesitó de un espectador inmovilizado, un punto de vista determinado; pues si se cambia este punto de vista, el dispositivo fracasa. Citando al teórico de cine Jean Louis Braudy expresa que “Esta inmovilidad y reclusión permite a los presos/espectadores confundir las representaciones como percepciones suyas, y regresar por tanto a una infancia donde ambas no podían distinguirse unas de otras.” En el caso de este capítulo, la representación se adueña de la percepción subjetiva y no existe nada mas allá de lo que la pantalla muestra. En 15 millones de méritos, los cuerpos no están amarrados pero sí atrapados. Sus miradas, oídos y conciencia están cautivos y el uso de las bicicletas fijas se hacen indispensables para sumar puntos y con ello obtener lo necesario para poder vivir. Sucede en la trama que el personaje principal se siente atraído por la voz de una cantante en un reality que las pantallas ofrecen. Cuando la conoce puede llegar a intuir que algo verdadero podría despertarse. Pero tanto ella como él luego, vuelven a ser atrapados y reducidos por sistema al que pertenecen. La poderosa línea de fuga que él desarrolla se transforma en el aparato de captura que lo obligará en adelante a repetir como ficción su intento de conocer la verdad. Aunque las miradas le siguen perteneciendo a los hombres y las mujeres, no hay nada para ver hacia fuera de lo que los reality shows, los videojuegos, la tv chatarra y la pornografía puedan llegar a mostrar. El control del sistema sobre el objeto de la mirada es tan preciso que por fuera de ello, el lenguaje mismo no encontraría las palabras adecuadas para usar.

En “Manual de Zoología Fantástica” Borges junto Margarita Guerrero describen una historia por la cual muchos años atrás los seres especulares y los reales o los hombres convivían pacíficamente. Unos y otros atravesaban los espejos libremente. Pero un buen día los seres especulares invadieron la tierra, es allí donde la fuerza del Emperador Amarillo prevaleció y derroto definitivamente a los seres especulares. Les impuso como castigo ir a vivir del otro lado del espejo y copiar los movimientos de los reales para siempre. Dicen que el influjo mágico del Emperador Amarillo se debilitaría paulatinamente e los especulares intentarán librarse de ese yugo volviendo otra vez a ocupar sus espacios perdidos. Quien sabe si este mundo al que nos están llevando no se trate un poco de eso. Y las pantallas a las que continuamente volvemos no estén del otro lado, pobladas por seres especulares sedientos de venganza.

La Conjura

 Algo relacionado con la ausencia intenta conjurarse en el registro de un acontecimiento. Para aquel que llegue a visualizarlo es la expresión de un acontecimiento alojado en un tiempo pasado e inclusive en partes de un espacio facetado. Si el registro fuese reproducido en tiempo real, lo que se este registrando seria inexorable e irremediable pero la naturaleza del espacio seria aun solo partes de un espacio facetado. Facetado por la mirada, de quien realiza el registro, también de quien realiza la acción y en todo caso también de aquel a quien el registro luego llegue.

 Dice Rodrigo Alonso: “Aún documento de un sub-producto (la huella), el registro es parte integrante y vital de la performance. Su lugar claramente no es complementario, ya que es imposible establecer un límite preciso entre performance y registro que pudiera caracterizar a una y otro como prácticas separadas.”

 La performance como hecho que irrumpe en el orden controlador de los cuerpos. Hubo un tiempo en que los días eran iguales, regidos por la siembra, la duración de los días, las estaciones y la fe de que la semillas germinarían y crecerían los frutos tal como habrían intuido. Los registros audiovisuales en ese contexto no podrían haber prosperado ya que la ilustración de una ruptura del tiempo y el espacio no habría sido aceptada. La ausencia era parte de lo que justificaba la acción, y por la ausencia se accionaba. Ni siquiera había huellas o indicios pues los cuerpos siempre caminaban por el mismo surco.

 Entonces el registro como huellas de otros surcos y otros caminos, y la performance como  conjurador del orden y de la ausencia.

 Veras Costa dice que “Si el movimiento en el cine es una asociación entre fotogramas congelados, el movimiento del aparato y la percepción del espectador, el intervalo entre estos fotogramas que el dispositivo cinematográfico transforma en movimiento debe tener un papel esencial.” Lo sostiene Deleuze, y antes también McLaren o Vertov, pero sobre todo se basa en la teoría de Bergson sobre el movimiento. Teoría publicada incluso antes de la irrupción del cine como invención. De esta forma entonces, podríamos también entender al registro como una conjura a la ausencia de movimiento. Ese movimiento es una ilusión construida en la percepción mediante el dispositivo, en un registro. Es que el verdadero movimiento también es subjetivo e intransferible. La ilusión del registro nos ha hecho participes del movimiento de masas, una especie de unidad en lo heterogéneo. Ha crecido en nosotros la ilusión al percibir nuestro pálido reflejo en la cantidad de imágenes fantasmáticas que con quererlo o no hemos acumulado en la retina. La ausencia se ha cubierto con ilusión e imagen, que simplemente se evaporan aunque dejando sí, algo del reflejo provocado.

Hoy donde el consumo de imágenes atora, provoca ese accidente que el dispositivo traía en si, desde su nacimiento. El intervalo ralea, pierde ritmo, rompe el movimiento, el tiempo pasado se vuelve futuro y el espacio facetado lo tomamos como único, indivisible y sin fisuras.

La Tecnoconciencia

Las palabras hechas de sonidos, imagen y sentido, articuladas para cumplir nuestros deseos inmediatos tampoco logran expresar lo que muchas veces el deseo dicta. La conciencia sí, modela, entiende de parámetros, se perfila al futuro, es estadista. La conciencia sabe esperar, acecha para acercarse a lo que el deseo moviliza. Le Breton en antropología del cuerpo dice que “…el cuerpo se desvanece. Infinitamente presente en tanto soporte inevitable, la carne del ser-en-el-mundo del hombre está, también, infinitamente ausente de su conciencia.” Es que muchas veces esa conciencia no nos pertenece, forma parte de una construcción que nos trasciende y de alguna forma regula la forma de vincularnos. El cuerpo solo aparece cuando duele, goza, canta o baila, pero cuando caminamos, saludamos o miramos nos distanciamos de él. Nuestro bienestar esta atado a una suerte de bienestar general, una suerte de norma que al franquearla lo mas probable es que nuestro cuerpo junto a su conciencia queden aislados de la trama. Una suerte de idea de preservación actúa para que nos mantengamos jugando ese rol. A todo esto dice Don Ihde en los cuerpos de la tecnología: “No obstante, nuestros encuentros ocasionales con tecnologías que han cambiado no sólo tienen que ver con músculos y fortaleza corporal: son encuentros que remueven de modo mucho más amplio y profundo nuestra noción de ser, procesos que involucran prácticamente todos nuestros deseos e imaginaciones.” y agrega también: ”Podemos –en la cultura tecnológica– fantasear sobre distintas maneras de sobreponernos a nuestras limitaciones físicas o a nuestros problemas sociales a través de las tecnologías creadas por imaginarios utópicos, y así entronizaríamos la tecnología como un ídolo que nos llevará a superar nuestra finitud. “Si, nuestros encuentros con la tecnología tienen que ver con el deseo, la obstrucción de lo imposible, nuestras limitaciones mediante la tecnología pueden desaparecer aunque momentáneamente. Lo necesario para que los sentidos se figuren estar en otro mundo, uno mucho mas amable quizás. Lo que se vuelve un ídolo no es la tecnología en si, sino lo que con ella se pone en juego junto a nuestra voluntad de poder.

Pero si, una nueva conciencia avanza. Dice Paul Sibilia en El hombre postorgánico que “los cuerpos contemporáneos se presentan como sistemas de procesamiento de datos, códigos, perfiles cifrados, bancos de información. Lanzado a las nuevas cadencias de la tecnociencia, el cuerpo humano parece haber perdido su definición clásica y su solidez analógica: en la estera digital se vuelve permeable, proyectable, programable.” Esta conciencia no es la del hombre renacentista, el arquitecto de si mismo, alejándose del ideario divino y celestial del medioevo. Es una conciencia donde el hombre y sus deseos, alimento de la publicidad y las nuevas tecnologías, están subsumidas ante el engaño de los sentidos. La nueva conciencia se equivoca y el hombre vuelve a caminar a oscuras buscando un código verdadero que lo haga ver de frente su propia historia que dentro de poco estará guardada en archivos encriptados de acceso reservado a unos pocos y no a él precisamente.

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El Exégeta de Sábato

En un lugar olvidado y alejado, en una vejez sola pero elegante, que uno no sabe si se eligió como destino o solo como eslabón de una fuga hacia lo incierto; me dijo entre otras cosas, que poseía el conocimiento para curar al desahuciado, a ese al que todos hayan abandonado. “- Conozco el ritmo exacto que debe tener su respiración”, dijo. “-Y la dieta adecuada que debe llevar”, agregó. “A través de tres días a mi cuidado, yo puedo salvarlo”, y pronunció entonces un inquietante: “-Ayudame,” y sentenció: “- pues puede ser ilegal si uno no conoce la semántica exacta, pero en definitiva es solo metafísica y respiración”.

Me contó luego que es filólogo, estudió medicina y es eximio yogui. Se inició en un grupo de jóvenes guiados por don Ernesto, a él le toco defender sus textos ante una ola de implacables ataques que no cesaban de publicarse en esa época. Él fue esa suerte de pluma/espada de defensa que al célebre escritor otras plumas urgentes le quitaba y por ende carecía. El resto y el todo de ese grupo que fue inspiración para la construcción del Abadon, metáfora que de este lado del suceso y el prestigio se llevó a sus verdaderos nombres para siempre. Quiso el destino que don Ernesto los encontrara luego en su investigación y derrotero para la Conadep. A muchos, pero en realidad a su exégeta no y a su amante tampoco.

Hoy queda el afán por sanar, reconstruir la voluntad de sobrevivir. Disciplina de la respiración, el tiempo y la alimentación, suficientes para hacer retroceder a cualquier mal que ande dando vueltas por ahí.

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Hernán Rojo

Los Desertos tuvo la oportunidad de hablar con Hernán Rojo que, como todo artista plástico, es alguien que materializa lenguajes ocultos al resto. En este caso, se materializa en objetos estéticos de una riqueza simbólica que delimita cosmogonías e invita a explorar por sola presencia. Nos sumergimos entonces en esa cosmogonía intentando descubrir sus llaves y puentes.

En principio nos situamos en cuatro de sus series: los dibujos, las explosiones, los individuos y las tramas.

Los Desertos: En los dibujos hay una clara interpelación a la línea. Ante la clásica definición de unión de dos puntos, vemos una línea que genera nodos, a su vez vemos que el tiempo que se deriva del uso de una sola línea genera muchas, esta línea arma estructuras que son pesadas pero parecen levitar como si fuesen solo nubes. Si el dibujo para el escultor es una herramienta que solidifica, limita, contiene o perfila superficies. Cuales son las influencias artísticas que han hecho que en tu caso sea una herramienta de exploración del elemento en sí, poniendo en jaque al mismo elemento hasta el punto de quebrar su propia ontología?

Hernán Rojo: Me interesa que pueda verse esa doble lectura en mis trabajos, en general trato de integrar o hacer contrapuntos entre las diferentes disciplinas que conozco, me gusta que un dibujo pueda verse como el boceto de una escultura o su diseño, pero cuando los hago busco que puedan verse simplemente como formas dibujadas, el recurso de la línea viene de mi formación escultórica, en el que para sostener una forma se necesitan ciertas estructuras. Cuando dibujo juego con mas libertad, esas tramas están como flotando y no van a caer. Hay dos artistas que son mis referentes cuando pienso en mis trabajos, Emilio Renart y Lucio Fontana.

LD: Evidentemente hay algo en el manejo del tiempo pues en esta serie de esculturas de telgopor se evocan explosiones congeladas, el movimiento que se genera en presencia de toda la serie es como la de diferentes fases de explosiones o erupciones. Si hay cazadores de tormentas hay quien también quizás pretendan congelar explosiones. La tensión quieta o el movimiento congelado es algo propio del manejo de esas polaridades que también aparecen en los dibujos. Hay algo incluso de danza butoh aquí, esa especie de estética del espanto. Crees que esto puede ser así?

HR: Estos trabajos surgen de un trabajo un poco performático en el taller, en el que juego con los materiales de distintas maneras y a distintas velocidades fluyen, se acomodan y finalmente se detienen. No conozco demasiado el butoh pero podría conectarlo con el Tai chi, en relación al desplazamiento y el movimiento de los cuerpos y el espacio.

LD: Nos encontramos dentro de esta cosmogonía en proceso que no es cerrada sino que sigue expandiéndose con objetos escultóricos tradicionales llamados individuos. Sus formas seriadas y respetadas. Lo orgánico y a su vez lo circular. Es como si la exploración y la explosión aquí se haya aquietado mediante la aplicación de un orden simétrico y circular, casi fractal. La repetición y autosimilitud constitutiva de cualquier fractal aparece aquí como orden neoclásico contemporáneo. Entrando en tensión con tu obra pero logrando a su vez el orden que en otras series era búsqueda e irrupción. En definitiva constituir un ser bajo otros parámetros. Te suele suceder esto de esquivar simetrías y encontrar fractales?

HR: Me interesa bastante la ciencia, (llegué a estudiar tres años de veterinaria), cuando comencé con estas series intenté trabajar a partir de mis conocimientos de biología, traducidos a un lenguaje del volumen, de lo corpóreo. En un punto reducir la simetría a algo orgánico, que claramente presenta derivaciones, deformaciones. Creo que los fractales son algo mas complejo, pero en un punto veo cierto crecimiento indefinido que de algún modo aparece evocado en estos individuos.

LD: Llegamos entonces al encuentro de este tipo de tramas que has construido y parecen huellas desplegadas sobre paredes. Huellas de cuerpos que se desplazan sobre superficies. Te propongo un juego, según estos indicios o huellas que seria tu obra, como crees que serian esos cuerpos que se han desplazado sobre esas superficies?

HR: Pienso en el origen de una vida en condiciones distintas a las que conocemos. En otra dimensión.

hernan rojo

LD: Cómo vivís tus muestras cada vez que tenes la oportunidad de atravesar el proceso?

HR: Intento que las muestras tengan un clima. No llegan a ser instalaciones, aunque busco que se generen distintas sensaciones imaginarias y físicas a partir de un montaje de obras que nunca son de manera definitiva una escultura, un dibujo, una pintura.