Videoplace de Myrion Krueger

Videoplace es una obra de un artista pionero que como toda expresión pionera, quizás haya provocado algo que no se había propuesto. En principio parecía no tratarse de una obra artística como podía llegar a entenderse en ese entonces, como una ópera de Puccini o un cuadro de Leonardo, o en el mejor de los casos un concierto de los Beatles o una performance de Warhol. Quizás tenía más de esto último que de lo primero, pero había algo más, se proponía la convivencia de dos mundos que a esa altura de la historia la mayoría no creía posible, mediante el uso de complejos algoritmos computacionales. Más que una obra, en principio fue un desarrollo que se prolongó desde 1972 a 1985. Pero también había otra apuesta, Krueger era ya doctor en ciencias de la computación desde fines de los 60, desde esa fecha venía desarrollando diferentes obras relacionadas con la interactividad humano máquina y también los espacios virtuales. Y es que él seguramente como toda esa generación de investigadores vislumbraba las posibilidades y potencialidades de esas abstracciones logarítmicas. Había habido hacia esa fecha muchos avances pero todo estaba por darse. Richard Stallman empieza a vislumbrar que el código no se compartiría por las corporaciones y que el trabajo de muchos hackers, estudiosos, doctores y desarrolladores durante años quedaría en manos de corporaciones de la forma más ruin. Krueger tenía otra búsqueda, había algo formal allí, quizás la metáfora del escritorio con la cual se pretendía interactuar con el código no era de su agrado.

Quizás el memex de Vannebar Bush era un elemento que daba conocimiento pero quitaba movilidad y dejaba al interactor encerrado en una jaula. Quizás interiormente siempre haya tenido esa idea. Es evidente que a lo largo de sus obras la interactividad, espacialidad virtual y la realidad aumentada fue su búsqueda. Videoplace termino su desarrollo en 1985 cuando recién aparecían los primeros computadores personales y mientras, tiempo después, quedaría instaurado y estandarizado la interface general de usuario como escritorios y ventanas. Tuvieron que pasar unos cuantos años para que mediante técnicas hápticas se puedan retomar algunas de las idea de Krueger en el uso diario de la tecnología. Las estrategias para la instauración de diferentes instalaciones interactivas así como las posibilidades de la navegación en realidades virtuales y más que nada el uso del Kinect en el ámbito hogareño, le deben mucho a Krueger. Videoplace funcionaba como una experiencia umbral donde avatares de los espectadores podían interactuar con otros de espectadores que se encontraban en otra sala y elementos digitales que aparecían en una pantalla. El avance de la tecnología fue acompañando al desarrollo de la obra, y vemos en los resultados finales un interesante universo de formas simples y despojadas con colores saturados que hacen del trabajo un producto naif en el mejor de los sentidos, lejos de la espectacularidad de los sistemas de partículas, dueño sí de una síntesis de peso que hace del resultado visual una experiencia estética edificante, lejana al ruido. En declaraciones de Krueger vemos que esa era una de sus búsquedas:

“Todos los estímulos generados por el ordenador deben ser una respuesta a las acciones de los participantes. Cuando el equipo inicia estímulos gratuitos, la capacidad de los participantes para comprender lo que está pasando se ve amenazada. No es necesario el realismo gráfico para una interacción convincente. De hecho, los entornos gráficos realistas suelen aportar confusión y son menos claros que las posibilidades interactivas que el mundo virtual ofrece. “

Interesante camino estético, al encontrar lejos de una representación mimética de la realidad por limitaciones tecnológicas de la época. El resultado es una visión poética de la realidad sin pretensiones. Y es que hoy en día ante una de las características que el digital vino a ofrecer que es la eliminación del ruido mediante mediciones matemáticas o lo que se conoce en el proceso de digitalización como frecuencia de muestreo y cuantificación, el resultado parece ser la hiperestimulación y la hiperpresencia generando un horror al vacío digno de culturas arcaicas. La respuesta estética ante esta realidad es muchas veces una hiperestimulación e hiperpresencia de elementos en una obra. En parte, es lo que sostiene Herve Fischer en el choque digital, en el primero de sus principios sostiene “La regresión de la psiquis es inversamente proporcional al progreso de la potencia tecnológica” Vemos que en esta obra pionera de Krueger aún estaba preservada en su regresión la psique, pero no solo esa psique estaba lejos del ruido digital que se experimentaría luego sino que la elegancia estética con pocos y adecuados elementos era mantenida.

El segundo principio de Herve Fischer en el choque digital dice: “Bajo una apariencia moderada, la revolución numérica despliega en realidad una fuerza radical y brutal en razón de su instantaneidad, de su aceleración, de su lógica globalizante y de la inmediatez de su extensión a todos sus ámbitos. “ Y ese era el poder del número, el poder que Krueger heredaba de Shannon, Bush, Egelbert y que confiaba al arte, a la estética para liberarlo de escritorios y ventanas. Hoy sabemos que volver a esa simple demostración de interacción entre avatares y dejar que los números y algoritmos sigan su rumbo sin nosotros es una utopía, los números nos llevan con ellos en sus autopistas virtuales, en sus códigos que todo lo que el hombre haya creado hace funcionar, dejando que vayamos soltando lo nuestro y, dejándonos como bien dice Fischer, en cierto oscurantismo medieval. En ese sentido hay una escena de la película la máquina del tiempo  y es cuando el personaje viaja al futuro y encuentro una humanidad salvaje, pero hay una máquina y un disco que tiene grabado toda la memoria de la humanidad pero nadie sabe allí como funciona. Y es porque como dice su tercer principio:  “Las tecnologías numéricas evolucionan más rápido que nuestras ideas”, entonces llegara un tiempo en que los números nos dejen solos y ya mediante ellos no podamos comunicarnos o interactuar con nada que hayamos creado. Lev Manovich divide las expresiones digitales en los siguientes aspectos: representación numérica, modularidad, automatización, variabilidad y transcodificación cultural. Pero lo que sustenta todo son dos particularidades: la primera es que todo puede ser descrito en términos formales matemáticos y la segunda es que esa descripción puede ser naturalmente sometida a una manipulación algorítmica. De lo analógico a lo digital y de lo continuo a lo discreto es la descripción que se hace de la realidad a la tecnología digital y también de la tecnología analógica a la digital. El resto de las particularidades se emparentan también con la programación, la modularidad es un atributo de la programación con la cual función todo el universo digital al que accedemos. En el caso de la obra de Krueger evidentemente divide en módulos el evento, por un lado lo que es tomado, por otro lo que es proyectado, por otro, seguramente habrá un protocolo de unión entre diferentes avatares y también habrá otro para los elementos digitales. La automatización es en este caso la consecuencia que se da entre la interacción con el sistema. Descubriremos que ante un movimiento pasará algo y entonces sabremos que para que esa vuelva a pasar se volverá a hacer ese movimiento y allí se produce la automatización de la interacción, en cierto sentido allí nos embrutecemos para experimentar el dispositivo, aquí resuena la idea de Herve Fischer. La variabilidad seguramente es limitada en este sistema, pero también haya sido afinada habiendo experimentado todas las posibilidades usando la variabilidad que ofrecía el código de la obra. La transcodificación es ese movimiento vuelto evento o también ese usuario vuelto avatar y también esté sistema vuelto infinidad de experiencias interactivas que luego hubo y tomaron mucho de esta obra. Algo que me gustaría resaltar con respecto a lo digital-discreto y lo analógico-continuo es que estudios relacionados con la percepción humana indican que tanto el sonido como la percepción del espacio y la luz llegan al cerebro mediante estímulos nerviosos a una velocidad limitada de muestras del entorno. Así como también en la teoría del tiempo de Bergson se indica que existe un tiempo que es el que recordamos que es una suma de puntos altos en la vivencia, mientras que hay otro tiempo que no podemos llegar a percibir por nuestras limitaciones y es el que está por fuera de esos puntos altos, creo que hablaba de un tiempo continuo y otro absoluto. Por eso la velocidad de los fotogramas concuerda con la velocidad de percepción y a su vez también Manovich toma la tecnología del cine como base de la inteligencia artificial introducida por Alan Turing. Para definir un objeto digital Scolari llega a una síntesis de conceptos, nos habla de digitalizaciones, hipertextualidades, reticularidades e interactividades. Luego de analizar diferentes posturas así como las preocupaciones de los pioneros que fueron manteniéndose. Contrapone elementos desde el origen, como la maquina analítica y el daguerrotipo formando una ontología del objeto digital. En ese sentido VideoPlace contiene dispositivos en módulos unos que descienden del daguerrotipo como la cámara de video y el proyector y otros de la maquina analítica con el ordenador que propicia la unión de los avatares y el diseño del dibujo que interactúa con ellos. Las particularidades de Scolari resuenan en la obra de diferente forma. Las digitalizaciones y las hipertextualidades unen a los espectadores o usuarios de la obra entre si y los diferentes objetos, podría decirse que cada usuario aporta un texto pero en el umbral de la obra este se multiplica y adecua a otros, las digitalizaciones serian el camino para lograr ello. Las reticularidades tienen que ver con la sorpresa de la obra y lo que cada usuario pudiese ofrecer, generando una multiplicidad de eventos causales que obviamente la digitalización reducirá a las que la obra puede responder. La interactividad es también un camino para que las reticularidades se expresen. Murray describe a los entornos digitales como secuenciales, participativos, espaciales y enciclopédicos. En su trabajo relaciona la literatura con las posibilidades que brinda el entorno digital y más que nada en el terreno de la interacción con lo que ofrecen las inteligencias artificiales. Los robots creados para interactuar mediante el lenguaje, toman del interactor las pistas para seguir una conversación ocultando inteligentemente a la apariencia del interactor sus debilidades y tomando de las frases vertidas una repregunta o una respuesta inquietante. Es por eso que los considera secuenciales, debajo de la expresión más refinada de la informática sigue habiendo una secuencia de comandos. Videoplace se alimenta también del interactor, a su vez que sin la participación no podría existir la obra. En cuanto a la espacialidad es el espacio de la interacción donde se propicia la interacción. Lo enciclopédico es lo que un camino elegido de la interacción oculta, es decir, tal como el jardín de los senderos que se bifurcan de Borges, en lo digital deben estar escritas todas las posibilidades más allá de que se elija solo un camino, el resto seguirá estando allí escrito.

 

 

 

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