Stelarc. La Caverna Incendiada.

Sobre Ping Body de Stelarc

 La obra de Stelarc es particular, su cuerpo es la obra, lo que le sucede a su cuerpo y con ello lo que pudiera sucederle a quienes en él se reflejan. Sus primeras apariciones tienen que ver con sus suspensiones a la manera de los faquires. Nos muestran que tan resistentes la piel puede ser sin sangrar, o que hábil su portador para no demostrar el dolor. La piel como interface, el dolor como estímulo eléctrico, los ganchos como máquina, a su vez, esa demostración de su propia fe en algo que el común de sus espectadores no llegarían a atravesar. La práctica del faquir devenido en ciborg es la construcción que mantiene y evoluciona hacia su obra Ping Body de 1996. Dice Deleuze “ Hay por supuesto una unidad de series divergentes, en tanto que divergentes, pero es un caos siempre descentrado que se confunde a su vez , con la Gran Obra (en el sentido alquímico del termino)” Quizás porque fuese hacia 1996 que internet comenzaba a irrumpir en cada uno de los hogares y nos concientizaba sobre su propio potencial a cada uno que accedía gracias a una línea telefónica y un servidor, es que Stelarc diseña este prototipo por el cual sintetiza en sus músculos mediante conexiones eléctricas el tráfico de treinta sitios de internet. El caos se vislumbraba mientras que hacia el día de hoy, usuarios de la web 2.0, la web semántica sea la promesa de cierto orden.

 Machado cita a Hansen en su ensayo para describir la percepción del cuerpo. Nos cuenta como relaciona la teoría de los nuevos medios con la encarnación: “como una presencia en el mundo que es la condición previa de subjetividad y de la interacción con el entorno” A su vez, nos cuenta que Hansen toma como referente a Bergson, primer teórico de la percepción corporizada y nos cuenta como también Deleuze tomo de Bergson el concepto de afección. Con Ping Body estaríamos en ese punto, en el de afección y encarnación. Y es quizás el que le haya interesado a Stelarc Explicando a Hansen nos cuenta Machado: “En otras palabras, la encarnación es el cuerpo entendido como una <interfaz> entre el sujeto, la cultura y la naturaleza.”

 Stelarc mismo es una interfaz en su obra, es el monitor mediante el cual el espectador ve una síntesis de impulsos originados en la red y someten a Stelarc a movimientos pre programados. Del otro lado tenemos a los usuarios de los treinta sitios con sus interacciones de las cuales solo se tomaran como simples estadísticas. Y si Haraway sostiene sobre su proyecto de cyborg que “trata de fronteras transgredidas, de fusiones poderosas y de posibilidades peligrosas que gentes progresistas pueden explorar cómo parte de un necesario trabajo político.” El de Stelarc sea el de una luz simplemente que muestra y explora las afecciones de señales transformadas en impulsos. Señales que para Deleuze son “diferencias de potencial” e impulsos o gestos que para Deleuze también son diferencias de lenguajes. Pero que en la práctica pueden reducirse de líneas de código y algoritmos a cantidades de bits que retransformados en el software del ciborg provocaran una danza con movimientos preprogramados pero no controlados por más que la mera estadística del tráfico. A su vez el ciborg que construyó Stelarc es un resistente, está resistiendo los embates del tráfico de código. Su resistencia consiste en la contención, en ser la interface para la frontera. La resistencia amplificada en él es la que cada uno de nosotros podemos vislumbrar en nosotros mismos cada vez que damos un paso tal como dice Youngblood: “La curiosa naturaleza de la revolución tecnológica es que, con cada paso adelante, se revela tanto territorio nuevo que parecemos estar retrocediendo. Nadie es más consciente de las actuales limitaciones que los mismos artistas”. Entonces Ping Body podría ser la propia expresión estética de una frontera. Frontera que tal como dice Murray es “parte del trabajo inicial en cualquier medio es explorar la frontera entre el mundo representado y el mundo real”. En ese caso ese sería el trabajo del ciborg de Stelarc pero el del espectador discernir de lo que se observa cuáles podrían ser las líneas de umbral en esta experiencia. Si como también dice Murray “los ordenadores son objetos liminares, en el umbral entre la realidad exterior y nuestras propias mentes”, tendríamos un límite entre el cuerpo de Stelarc y su dispositivo ciborg pero también entre las afecciones que este ciborg recibe hay un límite desde cada computadora que se conecta a uno de los treinta sitios elegidos, entre el propio internauta y su propio de dispositivo de conexión. Cada afección provocada sobre el ciborg es a su vez la encarnación de cibernautas que como virtuales anónimos que trafican datos en tiempo real. La presencia de una entidad fusionada en un colectivo de datos, sin más jerarquías que el de su acceso eventual a una red de datos tiene una importante presencia en el sentido de este ciborg, pero es en su virtualidad que se constituye esta presencia. Dice también Murray: “El poder de las experiencias, que Winnicott llama << de transición >> viene del hecho de << lo real es lo que no está allí>>. Para prolongar este tipo de poderosos trances de inmersión, tenemos que hacer algo paradójico: que el mundo virtual siga siendo <<real>> manteniéndolo <<fuera de allí>>.” Lo que es real es que la performance de este ciborg tiene poco de experiencia de transición sino más bien tal como lo plantea Marie Laura Ryan en teorías de la inmersión estaría dentro de dos categorías entre la implicación imaginativa y el encantamiento. Y es la expresión de una danza mecanizada y forzada por medio de un cuerpo atravesado de dispositivos y cables que eventualmente lo conectan a otros impulsos que no pueden verse y sin embargo están, están como señales presentes en el cuerpo del ciborg, esta presencia encarnada y que no provoca encantamiento pero a su vez sí, cierta reflexión sobre el potencial (tal como lo indicaría Deleuze) de lo no presente o virtual, que es lo que anima y da movimiento.

“Un ambiente virtual puede ser explorado de la forma en que el interactor quiera” es lo que asegura Machado, y en Ping Body el interactor es Stelarc pero también los interanautas ya que el ambiente virtual a explorar serían esos treinta sitios de los que habla la instalación. Pero existe una diferencia, Stelarc y su ciborg podrían asumir el rol de un avatar, pero los internautas no son conscientes de lo que puede sucederle a Stelarc con su propia exploración, los internautas, como los presidiarios de la caverna de Platón, no pueden quitar su vista de la pantalla, de la cual no ven códigos matemáticos o binarios, que es lo que entra en comunicación, sino una representación o expresión de ellos. Y los espectadores del ciborg de Stelarc ven expresados en sus espasmódicos movimientos el flujo de información que llega a la interface. Es cómo si los espectadores del ciborg de Stelarc, hubiesen sido removidos a otro nivel de la caverna, dónde seguimos viendo representaciones o expresiones pero esta vez sobre un cuerpo cómo el propio del espectador que observa. Su ciborg hace reflexionar sobre las expresiones aparentes de la propia sombra, pero que para que luego el espectador vuelva a la red para encontrar alguna información sobre lo que acaba de ver. Ping Body de Stelarc es una caverna pero sin salida, es circular y no hay luz verdadera, sino una síntesis de la energía que en algún lugar alguna luz debe emanar.

 El ciborg de Stelarc adquiere cierto espesor cuando Deleuze dice “Invertir el platonismo significa entonces: mostrar los simulacros, afirmar sus derechos entre los iconos y las copias” y más luego agrega” En la inversión del platonismo, la semejanza se dice de la diferencia interiorizada, y la identidad, de lo Diferente como potencia primera. Lo mismo y lo semejante sólo tienen ya por esencia el ser simulados, es decir, expresar el funcionamiento del simulacro”. Es aquí cuando Deleuze llega a la conclusión de que la simulacro se emparenta al eterno retorno, ya que éste no es más que la decisión de invertir los iconos o subvertir la representación, y es que también dice Deleuze: “el eterno retorno sustituye la coherencia de la representación por otra cosa, su propio caos-errante”.

 Esta concepción del eterno retorno y la condición subversiva del simulacro se manifiestan así también en los actos de Fakir Mustafa dónde su práctica subvierten el propio uso del cuerpo colgándolo, atravesándolo, advirtiéndonos quizás sobre las supra condiciones corporales de nuestro vehículo de vivencias espirituales más refinadas y elevadas. Pero allí no había inversión del Platonismo y solo sería un simulacro para quien no creyese en una luz divina, celestial o pura, de la cual todo nace. En la inversión del platonismo que Stelarc practica estamos atrapados, formamos parte de ese circuito que construye sin poder escapar. Nuestra fe y costumbres están puestas en jaque.

 Y es que quizás Stelarc anticipa desde 1996 el mundo hacia el que poco a poco despertaríamos, un mundo dónde atosigados y abigarrados en redes de información estaríamos obligados a vagar por cavernas virtuales buscando una luz verdadera en los reflejos de su diferencia sintetizada.

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