Robots

En una escena de Aurélien Bory / Compagnie 111’s Sans Objet, puede observarse a un robot interactuar con dos bailarines. La escena es sumamente poética y refinada. Se vislumbra en la coreografía el esfuerzo de los bailarines por mimetizarse en la velocidad y los movimientos a su partenaire eventual y mecánico. A esa suerte de palanca/brazo le encuentran una función por la cual el cuerpo humano desafiará la ley de gravedad. Es evidente que buscamos en la idea de robot a algo o alguien que sea un reflejo nuestro. Ese robot parece tener un rostro antes de girar lo que parece ser su columna y desplegar un brazo para ir a buscar algo, una luz!. Ante la pregunta de si los robots pueden sentir, creo que el problema es si la humanidad dejará de sentir frente a ellos. La idea también de que los robots deben tener esa forma, creados a nuestra imagen y semejanza, y de esa forma, asegurarnos de que seremos sus ídolos o sus dioses. De esa forma quizás, podremos asegurarnos que sean nuestros esclavos y la raza humana podría pertenecer toda por fin a una aristocracia donde ellos llegarán a resolver aquello que los humanos no podrían llegar a hacer. Nos observarán cuando necesitemos ser observados y nos buscarán cuando debamos ser encontrados.

Pero algo mal salió, mucho antes de poder sintetizar en una máquina antropomórfica los avances tecnológicos capaces de imitarnos. En forma de un ratón y mientras sostiene nuestra mano nos llevan de paseo dentro de una máquina universal, y en ese paseo diario, cada uno de nosotros que va genera un camino de datos personales que incluye geolocalizaciones, compras, intereses, necesidades, etc. Nos fragmentan en diferentes grupos y construyen artículos específicos para aquel grupo al que pertenezcamos. Nos inventan noticias para conmovernos y nos hacen elegir a los representantes que ellos decidan. Nos hacen correr para conseguir lo que ellos precisan que consigamos. Nos mantendrán fragmentados mientras así lo decidan y nos ubicarán en otros grupos según su comodidad u organización.

Las campañas políticas ya disponen de las noticias por las cuales inundarán nuestras conciencias y ya hay robots construidos que mediante aplicaciones contestarán, haciéndose pasar por los candidatos, todas las dudas de los electores. Solo se espera, antes de despertar y si es que se puede despertar, que las fantasías futuristas dibujen un mundo libre de sus neuróticas ambiciones.

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