La Herencia

  Sarmiento en su Facundo hace un análisis exhaustivo del territorio argentino de fines del siglo XIX atravesado por luchas intestinales, de caudillos aguerridos y una topografía sobrecogedora donde el desierto y los llanos se interrumpen solo por la irrupción de poblados de habitantes que en búsqueda de un futuro de dignidad intentan hacer pie entre la tradición que se va esfumando, la revolución y las ideas exógenas de libertad, fraternidad y solidaridad que aggiornadas a su presente no significan otra cosa que una promesa que requerirá el sacrificio de la entrega de sus cuerpos a la guerra y la destrucción. Sarmiento identifica a cuatro tipos de gaucho, o cuatro derivaciones del gaucho, que con la llegada de su tan anhelada modernidad irían perdiéndose y sus oficios serian totalmente innecesarios como también olvidados. Uno de ellos es el rastreador. Dice él allí que “ El rastreador es un personaje grave, circunspecto , cuyas aseveraciones hacen fe en los tribunales inferiores. La conciencia del saber que posee le da cierta dignidad reservada y misteriosa.” Solo necesitaba de un rastro, que aunque tapado por momentos por una tropilla de animales y hayan pasado tiempos prudenciales, podía seguirlo hasta dar implacablemente con su dueño.

  Con respecto a la niña que se volvió experta de dubstep utilizando videos de Michael Jackson en Youtube como maestro, dice Susana Tambutti que la niña copia un rastro, un rastro que la tecnología nos trae a la vida pero a su vez, en este caso ese rastro nunca nos llevará al original o a la verdad. Se trata aquí de una derivación de la huella y no una degradación de una copia.

  A su vez Susana sitúa a la tecnología como operador de la memoria cultural, o también en contralor de que o como debe ser el cuerpo así como también en un preservador de memorias. La tecnología ejerce entonces un control sobre el cuerpo a su vez que, existe en la actividad de la niña una idea de renacimiento de la corporalidad al rescatar los movimientos de Michael Jackson en su propio cuerpo.

  Dice también Susana que la imitación no es lo que se renueva en este caso sino la memoria colectiva es lo que se renueva y que a su vez la idea de traer algo tiene que ver con el registro, no con algo que pasa y se va. No vamos de mutación en mutación sino de permanencia en permanencia y que en este caso el registro no es que conserva sino que transforma. El archivo es la niña, el espectáculo es lo que da la idea de archivo.

  Hay términos que se cruzan y pueden resignificarse. Sarmiento contaba que el rastro de un malhechor era protegido del viento o el tiempo hasta que llegase el rastreador y a partir de allí podía usarse para que este experto pudiese desandar el camino del dueño de esa pisada. Así como en el caso de la niña puede hacer uso de la tecnología para ver con claridad mediante la repetición y la observación de una microespacialidad hasta hacerse carne del movimiento del otro y volviendo así a conquistar el recorrido del cuerpo de M J. A diferencia de los atacantes que intentaban borrar sus pisadas o despistar a quien podía seguirlo se reprodujo hasta el absurdo la huella de M J para despertar en la niña el deseo de transitar el recorrido, y no solo por eso ya que ello es simplemente una consecuencia de la voluntad de poder que en lo que rodeaba en M J ocurría. Vender mas discos, conquistar nuevos mercados, etc.

  Podríamos decir que en los dos casos hay una disputa por algún acontecimiento que vedados al uso corriente, se transforma en trofeo a intentar obtener de cualquier forma incluso ejerciendo algún tipo de transgresión. Intentar arrebatar el jornal del rancho de algún trabajador del siglo XIX o intentar cobrar la entrada a un espectáculo 5000dolares sin que eso deje de ser aceptado. También hay el desandar de un camino o un territorio mediante diferentes técnicas de repetición u observación para obtener eso que se ha despertado y que es el apego que otras repeticiones han depositado en diferentes cuerpos. El apego de aquello que la escasez quita y el deseo motiva.

  Creo que seguimos sin encontrar el camino de regreso, y creemos a su vez encontrar rastros y en esa búsqueda desesperada dejamos huellas que no dejan de amenazarnos. Si somos herederos de culturas con huellas pisoteadas también lo somos de bombardeos que nos obligan a ocultarnos en cavernas sin poder ver la luz del sol. El sol se confunde con el brillo de cualquier novedad. Somos depositarios cual archivo de imposiciones ajenas solo con el fin de ser objeto de observación para cumplir con la uniformidad de la ley, y al traspasarlas, con las variaciones o derivaciones, que el poder haya inscripto y a la vez que la inmanencia no trastabille se cumple con la herencia del gesto y la mirada.

  Tanto a mediados del siglo XIX, tocando las puertas de la modernidad, como a principios del XXI, intentando escapar de las predicciones ucrónicas que vienen cumpliéndose implacablemente; seguimos estando sujetos por la mirada, los gestos y las huellas que se provocan. Mas allá de los trofeos que cada época edifica, quizás esa sea la mas fuerte herencia que un ser humano deba edificar. El trabajo de desandar caminos ajenos siguiendo un trazo inscripto sobre la piel de la tierra, parece el patrón del cual la humanidad no puede escapar.

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