Espejos y Pantallas

Sobre 15 Millones de Méritos, segundo capítulo de la primer temporada de la serie Black Mirror sobrevuela una metáfora interesante y efectiva para representar una ucronía no muy lejana a lo que nos toca vivir en la actualidad. Un mundo rodeado de pantallas que pobladas de avatares y signos del deseo, conviven día tras día con todos aquellos que son obligados, sin poder evitarlo, estar frente a ellas. Para acceder a alimentos e higiene se consumen puntos que se van obteniendo mediante el uso de una bicicleta fija, siempre frente a pantallas. Lev Manovich sostiene que la pantalla occidental siempre necesitó de un espectador inmovilizado, un punto de vista determinado; pues si se cambia este punto de vista, el dispositivo fracasa. Citando al teórico de cine Jean Louis Braudy expresa que “Esta inmovilidad y reclusión permite a los presos/espectadores confundir las representaciones como percepciones suyas, y regresar por tanto a una infancia donde ambas no podían distinguirse unas de otras.” En el caso de este capítulo, la representación se adueña de la percepción subjetiva y no existe nada mas allá de lo que la pantalla muestra. En 15 millones de méritos, los cuerpos no están amarrados pero sí atrapados. Sus miradas, oídos y conciencia están cautivos y el uso de las bicicletas fijas se hacen indispensables para sumar puntos y con ello obtener lo necesario para poder vivir. Sucede en la trama que el personaje principal se siente atraído por la voz de una cantante en un reality que las pantallas ofrecen. Cuando la conoce puede llegar a intuir que algo verdadero podría despertarse. Pero tanto ella como él luego, vuelven a ser atrapados y reducidos por sistema al que pertenecen. La poderosa línea de fuga que él desarrolla se transforma en el aparato de captura que lo obligará en adelante a repetir como ficción su intento de conocer la verdad. Aunque las miradas le siguen perteneciendo a los hombres y las mujeres, no hay nada para ver hacia fuera de lo que los reality shows, los videojuegos, la tv chatarra y la pornografía puedan llegar a mostrar. El control del sistema sobre el objeto de la mirada es tan preciso que por fuera de ello, el lenguaje mismo no encontraría las palabras adecuadas para usar.

En “Manual de Zoología Fantástica” Borges junto Margarita Guerrero describen una historia por la cual muchos años atrás los seres especulares y los reales o los hombres convivían pacíficamente. Unos y otros atravesaban los espejos libremente. Pero un buen día los seres especulares invadieron la tierra, es allí donde la fuerza del Emperador Amarillo prevaleció y derroto definitivamente a los seres especulares. Les impuso como castigo ir a vivir del otro lado del espejo y copiar los movimientos de los reales para siempre. Dicen que el influjo mágico del Emperador Amarillo se debilitaría paulatinamente e los especulares intentarán librarse de ese yugo volviendo otra vez a ocupar sus espacios perdidos. Quien sabe si este mundo al que nos están llevando no se trate un poco de eso. Y las pantallas a las que continuamente volvemos no estén del otro lado, pobladas por seres especulares sedientos de venganza.

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