La Conjura

 Algo relacionado con la ausencia intenta conjurarse en el registro de un acontecimiento. Para aquel que llegue a visualizarlo es la expresión de un acontecimiento alojado en un tiempo pasado e inclusive en partes de un espacio facetado. Si el registro fuese reproducido en tiempo real, lo que se este registrando seria inexorable e irremediable pero la naturaleza del espacio seria aun solo partes de un espacio facetado. Facetado por la mirada, de quien realiza el registro, también de quien realiza la acción y en todo caso también de aquel a quien el registro luego llegue.

 Dice Rodrigo Alonso: “Aún documento de un sub-producto (la huella), el registro es parte integrante y vital de la performance. Su lugar claramente no es complementario, ya que es imposible establecer un límite preciso entre performance y registro que pudiera caracterizar a una y otro como prácticas separadas.”

 La performance como hecho que irrumpe en el orden controlador de los cuerpos. Hubo un tiempo en que los días eran iguales, regidos por la siembra, la duración de los días, las estaciones y la fe de que la semillas germinarían y crecerían los frutos tal como habrían intuido. Los registros audiovisuales en ese contexto no podrían haber prosperado ya que la ilustración de una ruptura del tiempo y el espacio no habría sido aceptada. La ausencia era parte de lo que justificaba la acción, y por la ausencia se accionaba. Ni siquiera había huellas o indicios pues los cuerpos siempre caminaban por el mismo surco.

 Entonces el registro como huellas de otros surcos y otros caminos, y la performance como  conjurador del orden y de la ausencia.

 Veras Costa dice que “Si el movimiento en el cine es una asociación entre fotogramas congelados, el movimiento del aparato y la percepción del espectador, el intervalo entre estos fotogramas que el dispositivo cinematográfico transforma en movimiento debe tener un papel esencial.” Lo sostiene Deleuze, y antes también McLaren o Vertov, pero sobre todo se basa en la teoría de Bergson sobre el movimiento. Teoría publicada incluso antes de la irrupción del cine como invención. De esta forma entonces, podríamos también entender al registro como una conjura a la ausencia de movimiento. Ese movimiento es una ilusión construida en la percepción mediante el dispositivo, en un registro. Es que el verdadero movimiento también es subjetivo e intransferible. La ilusión del registro nos ha hecho participes del movimiento de masas, una especie de unidad en lo heterogéneo. Ha crecido en nosotros la ilusión al percibir nuestro pálido reflejo en la cantidad de imágenes fantasmáticas que con quererlo o no hemos acumulado en la retina. La ausencia se ha cubierto con ilusión e imagen, que simplemente se evaporan aunque dejando sí, algo del reflejo provocado.

Hoy donde el consumo de imágenes atora, provoca ese accidente que el dispositivo traía en si, desde su nacimiento. El intervalo ralea, pierde ritmo, rompe el movimiento, el tiempo pasado se vuelve futuro y el espacio facetado lo tomamos como único, indivisible y sin fisuras.

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